miércoles, 22 de agosto de 2012

Templario. Un pequeño análisis

Debido al tiempo transcurrido —desde su estreno hasta hoy— ya debe haber literatura crítica de cine muy desarrollada sobre la película. Entonces, evitando caer en un círculo vicioso, mi pretensión es encontrarle algún punto, visto desde cierto ángulo, que termine por ser original y novedoso. Es por ello que termino haciendo esta suerte de ensayo o apreciación crítica centrada en uno o dos temas. Por otro lado, estudiar la película globalmente seria un proyecto que tomaría años y el formato del blog no permite algo tan extenso.


Juan Sin Tierra

En las líneas que siguen el análisis no estará enfocado en Thomas Marshall, un caballero templario que retorna de las cruzadas y que tiene el rol de personaje principal en la película. Más bien, nos vamos a centrar en el personaje antagonista, es decir el rey Juan Sin Tierra, porque —me parece— hay más material del cual servirse para componer un texto. Marshall casi no habla, pasa una parte de la película bajo un voto de silencio. En cambio, Juan Sin Tierra, el personaje de la película, ofrece más información que resulta más interesante que la ofrecida por Thomas Marshall.
                                           
La película analizada se puede incluir dentro del grupo de ficciones que toman al rey Juan Sin Tierra colocándolo como villano. Entre ellas podemos destacar la más reciente: Robin Hood (2010) con Russell Crowe y Cate Blanchett, entre los roles principales.

Juan Sin Tierra ha sido un rey que no ha gozado de una gran fama entre los ingleses. Prueba de ello es su nombre de pila. Éste no ha sido reutilizado por los sucesivos monarcas ingleses y británicos para reinar. Tenemos, la historia lo documenta, como nombres reiterativos a Henry, George, Edward, Richard, Elizabeth pero no a un John.

Una de las cosas que Juan Sin Tierra ha tenido que cargar ha sido el peso histórico de su hermano, toda una leyenda, y estar siempre a su sombra. Ricardo Corazón de León fue un valiente cruzado, supo reinar y liderar a su ejército desde Inglaterra hasta Tierra Santa. La historia se ha encargado de mitificarlo y oponerlo a su hermano, a quien se le achaca (y con justicia) el ser un incompetente gobernante, pésimo militar, poco capaz de inspirar liderazgo y recurrir al abuso y la injusticia disfrazados de gobierno legítimo.

Voy a detenerme un momento y aclarar el significado del apelativo del Rey Juan. Él no recibe el apelativo de Sin Tierra porque haya perdido su reino; más bien es otra la razón. Debido a ser el hermano menor, casi todos los títulos se los llevó Ricardo Corazón de León, el hermano mayor, y con él, también, casi todas las tierras sobre las que podía gobernar. Además Juan, siendo todavía príncipe, quedó sin tierras para gobernar porque las pocas que le quedaron, hereditariamente, las perdió antes de ser rey.

La película analizada, titulada originalmente como Ironclad pero conocida en el ámbito hispano como Templario, se focaliza en lo que se conoce como la Primera Guerra de los Barones (First Barons War). Es un contexto difícil el que vive Inglaterra, Ricardo Corazón de León ya está muerto, en su lugar reina Juan Sin Tierra y ha cargado sobre sus súbditos el peso de muchos impuestos, restricciones y abusos. Es por ello que los barones se confabulan en una guerra que lleva al monarca inglés a aceptar la Carta Magna. De esta manera, el propio rey garantizaba la existencia de libertades y derechos que aseguraban la realización de los deseos de los barones en guerra contra Juan Sin Tierra.

Sin embargo, lo que sucede después es un acto de villanía más que otra cosa. El rey Juan contrata un grupo de mercenarios daneses (vikingos) para que peleen en su nombre y recuperen el trono inglés. Es aquí donde entra en juego de poder entre la Iglesia, el poder regio y los paganos. Hemos dicho que Juan Sin Tierra contrató mercenarios daneses, los cuales no sólo van a pelear por dinero sino además por defender a sus tierras danesas de la penetración de la Iglesia Católica como una fuerza evangelizadora que, al mismo tiempo, supone la destrucción del mundo pagano en el que vivían los vikingos daneses. El trato queda manifiesto desde el principio de la trama. Los vikingos, liderados por el Capitán Tiberio, deben recuperar Inglaterra para el Rey Juan. A cambio de esa tarea, el Papa no va permitir que las tierras danesas sean convertidas al cristianismo.

Durante toda la trama, cada vez que tenga la oportunidad, Juan Sin Tierra va a exigir al Capitán Tiberio que sus comandados sean más efectivos en la toma del castillo de Rochester. La resistencia del Barón de Albany y sus comandados es dura y los vikingos constantemente fracasan en la victoria definitiva. Entonces, el rey siempre estará presionando al líder vikingo y el arma a usar será la conversión al cristianismo y la destrucción del mundo pagano en el que viven los daneses; como también el cambio radical que les espera a los mercenarios daneses: volver a sus casas y encontrar que sus esposas, hijos y tierras pertenecen a otros hombres, cristianos todos ellos, que fueron enviados por la Iglesia como parte de la evangelización. Si no derrotan a la rebelión, los daneses no tienen un futuro determinado por su propia voluntad (pagana). La evangelización figura como una pérdida de la libertad, una libertad basada en la no restricción de la voluntad por una mano ajena.

Otro papel que ocupa la iglesia en esta película está dado por la autorización del Papa al rey inglés para recuperar su reino. En un principio el Papa había dado su beneplácito a la Carta Magna y, poco tiempo después, de acuerdo con la trama, cambia de parecer. Es así que Juan Sin Tierra empieza a ejecutar a los barones que contribuyeron a la firma de la Carta Magna, acompañado por sus mercenarios daneses, y está amparado por Roma, tanto así que el Obispo de Canterbury, redactor de la Carta Magna, teme por su vida y por algún castigo procedente de la Santa Sede.

En cuanto al papel de Juan Sin Tierra, en tanto rey, podemos decir que se considera la mano derecha de Dios sobre la tierra, aquél que resguarda la ley y protege con ella a sus súbditos además de gobernar por derecho divino. Lo que él piensa va de la mano con la mentalidad de la época, pero también da pie a que el asunto degenere y veamos en el Rey Juan la figura de un tirano absolutista capaz de asesinar de la manera más despiadada. Cuando el rey empieza con su pretensión de recuperar el poder, el Barón de Albany ve sus intereses amenazados y empieza a reclutar hombres para defender Rochester, cuyo castillo es importante para detener el avance del Rey Juan hacia Londres. Finalmente, continuando con este asunto de la degeneración del poder regio a causa del absolutismo, los barones ven en un príncipe francés la oportunidad de tener un nuevo monarca que garantice las libertades y derechos que Juan Sin Tierra ha violentado. En Rochester, un puñado de ingleses debe resistir lo suficiente hasta que los franceses arriben a costas inglesas y se pongan en marcha hacia Rochester para auxiliar la rebelión de los barones.

Esta película también se destaca por escenas de batalla que se aproximan al género gore. Por un lado se puede pensar “tanto cuesta la libertad” o también se puede decir “por la libertad se suda sangre”. De cierto modo podemos pensar que es la cuota de violencia que es propia de una película épica. Sin embargo, las mayores escenas sanguinarias —aquellas que causarían la reprobación de cualquiera— están en las manos de Juan Sin Tierra. La ejecuciones a los barones son totalmente despiadadas. Sus actos lo terminan por vestir como un tirano despreciable, siempre guiado con esa consigna de que reina y gobierna por voluntad de Dios y bendecido por el Papa.

El final que le corresponde al Rey Juan es el mismo que les atañe a todos aquellos que obran mal: la derrota. Cuando están a punto de tomar el castillo de Rochester, los vikingos huyen despavoridos porque ven que los franceses han llegado y son numerosos. Entre las últimas imágenes de la película se aprecia al Rey Juan sobre lomo de caballo, enfermo y marchando con lo que le queda bajo una incesante lluvia; ya sin poder, derrotado y sin fuerzas. Un triste final para un tirano, que reafirma el castigo que el arte —y, por qué no, también la vida misma— siempre dan a los que hacen del mal el medio para conseguir sus fines. Ejemplos hay muchos. Éste es uno de tantos.

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