martes, 8 de enero de 2013

General Manuel Comneno


Muchas veces en Age of Empires II los aficionados se encuentran con nombres de los líderes bajo cuyo nombre la civilización —aliada o enemiga— aparece en el juego. Más allá de parecer ficción, casi todos los nombres pertenecen a personajes históricos. Con ello el juego se prestigia aún más pues significa el empleo de investigación para su desarrollo.

Aquí, en un breve espacio, se hace un esfuerzo por dar a conocer quiénes fueron ellos y qué hicieron para ganarse un lugar en los libros de historia. Es el turno de General Manuel Comneno (bizantinos), uno de los participantes de Bizancio, la quinta partida que se relató en Planeta Age.


General Manuel Comneno (según Age of Empires) o Manuel I Comneno (de acuerdo con la historia), llamado también “Megas” (el grande), fue un emperador bizantino. Nació el 28 de noviembre y reinó entre 1143 y 1180. Sus padres fueron Juan II Comneno y Piroska de Hungría, conocida como Irene y por ser la hija del rey San Ladislao I de Hungría.

Manuel fue un gran militar. También destacó como un hábil político y estadista del Imperio Bizantino. Gracias a su pasión por el mundo occidental, se le conoció como el único caballero-emperador según los preceptos de su tiempo. Celebró torneos y justas caballerescas en las cuales él mismo participaba. Esta costumbre al parecer fue heredada de parte de su madre, quien recibía a nobles y caballeros húngaros en la corte bizantina.

Fue el cuarto hijo de la descendencia de su padre. Sus dos primeros hermanos murieron prematuramente. Por ese motivo tenía pocas posibilidades de alcanzar el trono imperial. Sin embargo, tras la muerte de su padre (en el campo de batalla) y destacarse en las campañas bizantinas contra los turcos selyúcidas, fue declarado emperador por el ejército en detrimento de Isaac, su hermano mayor. Antes de acceder al trono, Manuel se garantizó la lealtad de la ciudad y de los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa gracias a la intervención de su secretario personal, Juan Axouch, en la capital del imperio mientras Manuel Comneno celebraba el funeral de su padre. Fue coronado en agosto de 1143 por el nuevo patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Miguel II Kourkouas. Una vez hecho esto, Isaac, legítimo heredero al trono, fue liberado. El nuevo emperador se encargo de distribuir dinero a cada poblador de Constantinopla y a la Iglesia Ortodoxa.

Para Manuel Comneno la primera intervención en asuntos extranjeros llegaría en 1144. Atabeg Zangi absorbió el Condado de Edesa y amenazaba al Principado de Antioquía. Dada la situación, Raimundo de Antioquía tuvo que solicitar ayuda a Bizancio ya que una intervención de Occidente no sería inmediata. De esa manera Manuel Comneno se decidió por proteger a dicho principado al mismo tiempo que obtenía un vasallo.

En el año de 1146, Manuel Comneno inició una expedición con objetivo de castigar al Sultanato de Rum, liderado por Masud, que constantemente atacaba las fronteras del imperio en Anatolia y Cilicia. Las fuerzas bizantinas llegaron hasta Iconia pero no pudieron traspasar las murallas de la ciudad y se limitaron a destruir el área en torno a la ciudad. Manuel Comneno destruyó la ciudad de Filomenio y se llevó a la población cristiana. Evaluando su proceder, se interpreta que sus acciones estaban dirigidas hacia los cruzados occidentales porque quería ser visto como uno más que abrazaba sus ideales.

A pesar de que podía seguir tras más éxitos en Oriente, Manuel Comneno tuvo que volver la vista a Bizancio. En 1147 dio permiso al paso de la Segunda Cruzada, lideradas por Conrado III y Luís VII de Francia. Ya en el pasado los cruzados habían dejado una mala imagen ante los bizantinos puesto que cometían actos de vandalismo a su paso. En esta nueva cruzada el ejército de Bizancio debió escoltar y vigilar a los cruzados durante su paso por el imperio de Manuel Comneno, además de reforzarse las murallas y exigir a los líderes cruzados garantías en caso de problemas mayores. No obstante las nuevas condiciones, hubo incidentes entre cruzados y griegos que estuvieron cerca de provocar una guerra abierta entre ellos.

Tras el fracaso de la Segunda Cruzada, Manuel Comneno retomó su atención a Antioquía. Reinaldo de Chatillon, nuevo líder del principado, había invadido la provincia bizantina de Chipre en represalia a un supuesto incumplimiento de tributos. En dicha campaña militar, capturó al gobernador de la isla, Juan Comneno, sobrino del emperador. También despojó a sus habitantes de sus riquezas y cometió la atrocidad de mutilar a los supervivientes y se retiró luego de obligarlos a comprar sus rebaños a elevadísimos precios con lo poco que a los chipriotas les quedaba. Incluso se cuenta que el botín acumulado permitió al Principado de Antioquía ostentar poder económico por años. Finalmente, Reinaldo de Chatillon, en una muestra de desprecio hacia el emperador, le envió a la corte algunos chipriotas mutilados.

El emperador respondió a semejante ultraje de manera enérgica: reunió un impresionante ejército. En el invierno de 1158 y 1159 marchó hacia Cilicia realizando el trayecto a una velocidad inusitada que sorprendió Teodoro II de Armenia, colaborador en el ataque a Chipre. Todas las ciudades y villas se rindieron fácilmente ante Manuel Comneno y su ejército. Se cuenta que Teodoro II de Armenia huyó hacia las montañas y que un anciano pastor le traía comida para que pudiera sobrevivir.

Por su parte, Reinaldo de Chatillon veía amenazado su poder sobre Antioquía. No podía solicitar la ayuda del rey de Jerusalén, Balduino III, porque éste no había autorizado el ataque a Chipre. Entonces, la única salida era someterse a vasallaje ante Manuel Comneno cosa que fue aceptada luego de que Reinaldo de Chatillon se humillara públicamente presentándose ante el emperador bizantino vistiendo un saco y una cuerda alrededor del cuello y tras ser ignorado largamente por Manuel Comneno, quien —en el momento— se reunía con sus cortesanos.

Aceptar a Reinaldo Chatillon como vasallo tenía un fin: aprovechar a Occidente para reforzar el poder de su imperio, además de colocar a Antioquía bajo su poder. Su ingreso a esta ciudad fue triunfal y propició la celebración con juegos y torneos para la población local. Luego partió hacia Edesa habiendo reunido previamente un ejército pero abandonó la campaña cuando Nur ad-din liberó a seis mil prisioneros cristianos capturados en varias batallas desde la Segunda Cruzada.

Posteriormente los asuntos de Occidente requirieron la intervención de Manuel Comneno. En 1148 respondió el ataque de Roger de Sicilia, cuya flota atacó la isla de Corfú y luego saqueó Tebas y Corinto. Estas acciones motivaron al emperador bizantino a prepararse contra los normandos. En 1149, Manuel Comneno, contando con 500 navíos, 1000 de transportes de soldados y alrededor de 30.000 hombres, recuperó la isla de Corfú.

El contraataque normando fue a manos de Jorge de Antioquía, que con una flota de 40 naves realizó actos de pillaje en los suburbios de Constantinopla. Por su parte, Manuel Comneno llegó a un acuerdo con Conrado III de Alemania para realizar una invasión al sur de Italia y Sicilia además de su posterior repartición.

Guillermo I de Sicilia, sucesor de Roger de Sicilia, intentó enfrentar a los bizantinos pero resultó severamente derrotado. Éste tuvo que hacer frente a numerosas rebeliones contra su gobierno en Sicilia y Apulia. Manuel Comneno las fomentaba a través de algunos nobles locales descontentos. Para ese momento, Conrado III ya había muerto y su sucesor, Federico Barbarroja, lanzó una campaña contra los normandos que fue abortada a medio camino.

Manuel Comneno consiguió asegurarse plazas importantes en el sur italiano, como Bari por ejemplo, y garantizó la paz por un periodo. Durante esos años, Manuel Comneno conversó con el Papa acerca de una posible restauración del antiguo Imperio Romano a costas de unir la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, existían desacuerdos entre el Papa y el Emperador de Bizancio puesto que no decidían quien era el más adecuado para liderar el nuevo orden europeo que pretendían formar: o el Papa, quien dirige la Fe; o el emperador, quien tenía el poder político. La situación era complicada, ya que uno de los dos debía ceder. Para el Papa Adriano IV había mucho que ganar ya que evitaba tener como vecinos a los belicosos normandos. Sin embargo era aún más complicado para Manuel Comneno puesto que debía renunciar a la ortodoxia y el pueblo griego tenía un gran sentimiento anti-occidental.

Sin embargo, cuando todo marchaba bien en Italia, la suerte cambió. Sucedieron ciertas desavenencias entre el comandante Miguel Paleólogo y el Conde Roberto III de Loritello. A pesar que luego superaran las diferencias, la campaña ya había perdido el empuje inicial. El punto de quiebre fue la Batalla de Brindisi. Los sicilianos lanzaron un gran ataque por mar y tierra simultáneamente. Para beneficio de éstos, los mercenarios de Manuel Comneno rehusaron seguir combatiendo y demandaron una mejor paga; entonces, como no la consiguieron, desertaron. Los barones locales, antes leales, empezaron a retirar su apoyo a Manuel Comneno. Tras la batalla perdida, el emperador de Bizancio quiso reunir un nuevo ejército y contraatacar. Lamentablemente ya era tarde: Guillermo I de Sicilia ya había recuperado todas las conquistas bizantinas en la región de Apulia.

Tras la derrota en el sur italiano, el poder bizantino mermó considerablemente en dicha región. Tan solo quedaba la ciudad de Ancona. Los normandos habían sido dañados severamente y negociaron la paz con los bizantinos. La campaña de Italia resultó siendo improductiva para Manuel Comneno si se considera el gran gasto del tesoro imperial en dicha aventura militar.

Para debilitar el poder comercial de Venecia, Manuel Comneno firmó acuerdos con Génova y Pisa, rivales venecianos. Además, ya en 1158, para contrarrestar las aspiraciones de Federico Barbarroja sobre el norte de Italia, el emperador bizantino apoyó a las ciudades italianas de la Liga Lombarda con subsidios; incluso la reconstrucción de las murallas de la ciudad de Milán fue con ayuda bizantina. A pesar de esto, no obtuvo apoyo en retorno de estas ciudades en sus proyectos. Años más tarde, en 1171 y tras severos desacuerdos, expulsó a los mercaderes venecianos del imperio y confiscó sus propiedades. Venecia envió una flota de guerra pero no obtuvo los resultados esperados y retornó a casa. Las relaciones entre ambos estados no se restauraron durante la vida de Manuel Comneno.

En la frontera norte (Los Balcanes) Manuel Comneno realizó esfuerzos para preservar las conquistas hechas por Basilio II hace más de cien años atrás. En los años de guerra entre los bizantinos y normandos de Sicilia, los serbios invadieron el territorio del imperio. Manuel Comneno consiguió obligar a los serbios rebeldes a rendirle vasallaje (1150-1152).

Hungría no escapó a sus planes: lanzó constantemente ataques con el fin de anexar sus territorios. Manuel Comneno se sentía con derechos sobre territorio húngaro por ser hijo de Piroska de Hungría. De esta manera, sin necesidad de derrocar a Geza II de Hungría quiso que éste se le sometiera para expandir el área de influencia bizantina. En dos importantes campañas, desarrolladas en los años 1151-1153 y 1163-1168, Manuel Comneno penetró en el territorio de Hungría y obtuvo un cuantioso botín. En 1156, Manuel Comneno y Geza II de Hungría firmaron la paz. Un año después, el emperador bizantino sugeriría a Federico I Barbarroja unir esfuerzos para someter a los húngaros. El emperador germánico rechazaría dicho plan.

Géza II murió en 1162. Su hijo Esteban era el heredero del trono húngaro, con el nombre de Esteban III. Manuel Comneno envió embajadores para gestionar su coronación, al mismo tiempo que movilizaba su ejército para entrar en acción contra el Reino de Hungría. Los nobles húngaros se decantaron por Ladislao, hermano de Geza II, quien estaba en una posición más independiente, y fue coronado como Ladislao II en 1162. Sin embargo, en enero de 1163 fue muerto por envenenamiento.

Esteban IV, tío de Esteban III, sería el nuevo monarca húngaro. Rompió los vínculos con el papado y fue proclive a los intereses de Manuel Comneno. Esteban III lideraría una rebelión y derrotaría al rey el 19 de junio de 1163 permitiéndole huir a Bizancio. El emperador bizantino partió de Sofía jurando a Esteban IV que iba a resolver el asunto. Entonces buscó la solución ofreciendo la mano de su hija María a Béla, hermano menor de Esteban III y nombrándolo heredero del trono húngaro. Además, pidió los territorios de Croacia y Dalmacia y la presencia del joven Béla en Bizancio, quien sería educado en la fe ortodoxa y recibiría el nombre de Alexios.

Esteban III no entregaría los territorios exigidos lo cual motivaría al emperador bizantino, una vez más, a que movilizara sus ejércitos contra los húngaros. La expedición llegaría hasta Bács y Esteban III continuaba negándose a entregar los territorios, ahora protegido por tropas germánicas y checas. Los monarcas llegaron a un acuerdo en el cual Esteban III renunciaría a Croacia y Dalmacia además de Sirmia; Manuel Comneno, por su parte, renunciaba a dar apoyo a Esteban IV.

En 1165, los húngaros fieles a Esteban III atacaron a Esteban IV y lo envenenaron en Zimony. En junio del mismo año, Manuel Comneno lanzó un ataque contra los húngaros. Esteban III renunció una vez más a los territorios de Croacia y Dalmacia. El emperador bizantino los ocuparía gracias al apoyo de tropas venecianas. Ya para la primavera de 1165, Esteban III ocupó los territorios de Sirmia. Para expulsarlo, Manuel Comneno envió tres ejércitos: uno liderado por Béla, hacia la frontera del Danubio; los otros dos desde Galicia y Moldavia. Gracias a la intervención del suegro de Esteban III, Enrique Jasomirgott, duque austriaco, se firmó la paz. A finales de 1165 los ejércitos húngaros capturaron a Béla, el regente bizantino, y ocuparon una porción de Dalmacia.

En la Batalla de Zimony los bizantinos vencieron a los húngaros y recuperaron los territorios de Sirmia. Con la muerte sin herederos de Esteban III (1172) Manuel Comneno envía a Béla hacia Hungria. Allí es coronado como Béla III y mantendría una política orientada hacia Bizancio.

El afán intervencionista de Manuel Comneno también alcanzó a los principados rusos, con lo cual se formaron bandos. Iziaslav II de Kiev estaba relacionado con Geza II de Hungría y era hostil a Bizancio; el Príncipe Yuri Dolgoruki de Suzdal era aliado de Manuel Comneno y Vladimirko de Galicia es descrito como un vasallo bizantino. Galicia estaba situada al norte y noroeste de las fronteras húngaras; por ello, tenía una importancia estratégica en el conflicto húngaro-bizantino. Tras la muerte Iziaslav y Vladimirko, la situación cambió. Yuri de Suzdal, aliado de Manuel Comneno, tomó el control de Kiev y Yaroslav, el nuevo príncipe de Galicia, se acercó a los intereses húngaros.

Entre 1164 y 1165 Andronikos, primo de Manuel Comneno, escapó hacia la corte de Yaroslav en Galicia. La situación era peligrosa para Bizancio ya que podía ser apoyado por un principado ruso y Hungría. Entonces, el imperio realizó una agresiva tarea diplomática para repatriar a Andronikos, que incluyó el perdón de Manuel Comneno. Luego, una misión a Kiev, ahora regida por el Príncipe Rostislav, resultó favorable. Yaroslav fue persuadido para renunciar a sus tratos con los húngaros. Esta restauración de las relaciones con Galicia tuvo un efecto inmediato para Manuel Comneno. En 1166 le aportaron dos ejércitos como apoyo en sus guerras contra los húngaros.

Junto al Rey de Jerusalén, Amalarico I, Manuel Comneno envió una expedición contra Egipto. Previamente ambos monarcas habían acordado la repartición del país del Nilo: los bizantinos tendrían la costa; los cruzados el interior del país. Esta acción militar suponía una gran demostración de poder por su parte, puesto que se trataba de un gran ejército y una gran flota; no obstante que representara un gran gasto para los bizantinos.

La campaña suponía algo loco, ya que el teatro de operaciones estaba muy distante del centro militar bizantino. Viéndolo desde otra perspectiva, suponía que los reinos cruzados latinos intervinieran a favor de los intereses de Manuel Comneno, ya que evitaría una alianza de los islámicos que hubiera sido fatal para los reinos cruzados, al mismo tiempo que mantener a éstos con vida suponía alejar a los enemigos de Bizancio. Por otra parte, las ingentes riquezas de Egipto aseguraban réditos a la inversión realizada en la campaña militar incluso si eran compartidos con los cruzados.

La invasión a Egipto contaba con el apoyo de la población cristiana copta, que vivía más de medio milenio bajo el poder musulmán. Lamentablemente, hubo una falta de cooperación y coordinación entre bizantinos y cruzados en las escasas operaciones militares que realizaron. Aquéllos llevaron provisiones para tres meses y cuando los cruzados llegaron éstas ya se estaban acabando. Manuel Comneno había invertido muchos recursos en esta campaña sin lograr éxito alguno y que —de mucho mejor modo— hubieran sido empleados contra los turcos selyúcidas en Anatolia quienes representaban una mayor y más cercana amenaza.

La última de sus campañas militares fue contra los turcos selyúcidas. Su pretensión era alcanzar Iconia. Justo en la entrada del paso a Miriocéfalo se encontró con unos embajadores turcos que ofrecían paz en términos generosos. Los generales más experimentados sugerían aceptar la oferta mientras que los más jóvenes querían atacar. Manuel Comneno tomó en cuenta la opinión de estos últimos.

El ejército de Manuel Comneno cometió una serie de errores garrafales; por ejemplo, no enviar expediciones de reconocimiento. El 17 de setiembre de 1176 fue derrotado por el Sultán Kilij Arslan II en la Batalla de Miriocéfalo. Su ejército cayó en una emboscada mientras marchaba a través de un delgado paso de las montañas. Los bizantinos fueron dispersados y derrotados; el equipo de asedio, destruido. Manuel Comneno fue obligado a renunciar a la conquista de Iconia. Según las fuentes históricas bizantinas, el emperador perdió el control de sus nervios durante y después de la batalla.

El Sultán Kilij Arslán II permitió a Manuel Comneno y su ejército que se retirasen solo si desmantelaba las fortificaciones de Dorilea y Syllion, pero el emperador solo cumplió con las de esta última. Posteriormente, Manuel Comneno consideró a esta batalla como una catástrofe similar a la sufrida, casi un siglo atrás, en Manzikert. En realidad, no significó una gran pérdida para el ejército bizantino, ya que quienes sufrieron más bajas fueron las tropas aliadas y, sobretodo, el equipaje, que fue el principal objetivo de la emboscada turca. Años después, los bizantinos conseguirían una serie de importantes victorias contra los turcos y una que otra derrota de menor importancia.

Sin embargo, la constante actividad bélica condujo a que Manuel Comneno perdiera salud progresivamente hasta morir de una simple fiebre el 24 de septiembre de 1180.

Grecia y Bulgaria serían provincias que iban a vivir en esplendor hasta finales de siglo. Bizancio vio reforzado su carácter cosmopolita con la llegada de cruzados europeos y mercaderes italianos. Estos últimos abrieron los puertos del Egeo al comercio con los reinos cruzados de Tierra Santa, ya que se demandaba constantemente productos de diversas zonas del imperio. Se creía que Bizancio era más rico y próspero que nunca antes desde la invasión persa en tiempos del emperador Heraclio. Las ciudades retomaban la recuperación que se había visto mermada por las guerras civiles y la derrota de Manzikert (1071) gracias a los éxitos de los emperadores Comnenos.

El Imperio Bizantino era una potencia, con fronteras seguras y ciudades prósperas, aunque al interior existían serios problemas: la corte requería de un líder enérgico que mantuviera el sistema y saneara las finanzas, porque se había derrochado mucho dinero en campañas militares, en la corte y en patronazgo a la Iglesia y artistas. Desafortunadamente, para los bizantinos, no llegaría un gobernante adecuado para dichas tareas.

Manuel Comneno fue sucedido por Alejo II Comneno, hijo suyo y de María de Antioquía (quien adoptó el nombre de Xena). Ésta, a su vez, era hija de Raimundo y Constanza de Antioquía. Previamente tuvo un par de hijas con Bertha de Sulzbach, cuñada de Conrado III de Alemania. Se le conoce, también, un número significativo de hijos ilegítimos.

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